El siguiente testimonio es un regalo de Ana. Gracias por compartirlo y permitir que tu experiencia llegue y estimule a otras personas.

 

Ana Franco Vidal

He de confesar que acudí al taller con algunas reservas, y más por probar la experiencia que convencida de que mi asistencia a él fuese a cambiar mi vida.

Pero ya desde los primeros momentos en que fuimos compartiendo experiencias fui siendo consciente de que yo misma me estaba boicoteando. Eso hizo que me sintiese confusa y un poco culpable. Me limitaba a protestar, por mi vida, por la falta de trabajo, por la monotonía en la que estaba sumergida, pero no hacía nada para salir de ahí.

Precisamente por eso la palabra que elegí para “ser” fue ACCIÓN. Parte de la solución a mi tristeza crónica estaba al alcance de mi mano, y no había querido verlo.

Comprendí que fracasar es parte del intento, que sin acción no puedes esperar un resultado, y me propuse “arrancar”, empezar a andar el camino que quería que llevase mi vida. Reconozco que es más cómodo estar del otro lado, sentada en el sofá esperando que todo te llueva del cielo, pero vivir no tiene que ser cómodo, sino intenso.

Esas horas del sábado junto al resto del grupo, todas mujeres admirables, valientes y repletas de cosas por mostrar al mundo, me hicieron darme cuenta de lo bonito que es todo a mi alrededor, que el riesgo de vivir es excitante y que ese sería el último día que me permitiría lamentos ante mi pasividad.

Salí del taller algo saturada y sin entender muy bien cuál era el próximo paso que debía de dar. Descansé el domingo y el lunes decidí ponerme un vestido, maquillarme y salir a la calle. Entre lunes y martes repartí 11 CV y a todos los colegios entré con una sonrisa inmensa y segura de mí misma. El concepto de pedir trabajo se había transformado en mi mente. Había pasado de ser “pedir limosna” a ser “voy a permitir que me conozcan para que sepan todo lo que valgo”.

Esa semana continué saliendo todos los días, dejando el sofá y el pijama a un lado y dando la cara a la vida.

No he obtenido respuesta a mis solicitudes, pero ya no lo veo como un fracaso. Tal vez sea momento de esperar y hacer otras cosas mientras tanto. Pero estoy segura de que algún día, lograré eso que tanto anhelo. Un empleo donde poder demostrar mi capacidad y desde el que ayudar a niños y familias.

La verdad, es que desde el taller estoy de mucho mejor humor. Descubrí muchas cosas sobre mí y decidí cambiar antes que dejarme seguir hundiendo. Hasta el taller pasé unas semanas muy deprimida y desde ese momento, fue como si algo cambiase en mi cerebro y ahora todo es más positivo.

Y parte de todo eso es gracias a vosotras y a las mujeres que compartieron conmigo el taller, que todas y cada una de ellas aportó algo a mi nueva vida.

Gracias Ana por este regalo!

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