Tengo Derecho a mi Propia Verdad Interior.

Hacía semanas que tenía ganas de escribir sobre este tema de “mi propia verdad interior”; sin embargo me ha costado encontrar el momento o crear el momento para escribir.

Me han ayudado mis clientes con sus historias, con sus temas. Parece ser que lo último que me va llegando a sesión tiene relación con esto de “Cómo descubrir mi verdad y cómo hablar de ella”. Esto me ha impulsado a plasmarlo aquí.  Y esta dificultad mía de escribirlo, me dice que:

– “Sacar lo de dentro a fuera, en principio no es sencillo, es una decisión que implica voluntad, motivación, deseo y dedicación en tiempo”. Lo mismo que implica buscar nuestra verdad interior.

Buscar la propia verdad interior, es hablar con el corazón. Tarea poco sencilla aunque única alternativa de reparación y transformación. Esta verdad, mi verdad, va “siempre” precedida del prefijo YO, porque la verdad personal responde a:

  • Lo que me pasa.
  • Lo que pienso.
  • Lo que siento.
  • Lo que deseo.
  • Lo que temo.
  • Lo que hago con todo ello.

¿Y cómo se hace?

Lo primero es conectar con mi interior, con lo que “me pasa”, con lo que “estoy sintiendo”, con lo que “deseo y con lo que temo”.

Este mirar dentro de mí, debe hacerse “sin pre-juicios”, sin apresurarme a valorar como “bueno” o “malo” lo que encuentro cuando me miro. Ya no somos niños o niñas que sólo sabemos filtrar lo que nos pasa desde “blanco o negro”, “bueno o malo”, ya contamos con más recursos ¡Usémoslos!

Sólo así es posible relacionarnos desde nuestra propia verdad interior, desde un sentir real.

Acercarnos a la verdad personal necesita un recorrido que se da en un tiempo, este tiempo es único y personal, cada persona tenemos nuestro propio ritmo y bien vale conocer nuestro ritmo y respetarnos ese ritmo, ese tempo.

Este recorrido se sostiene en la decisión auténtica y sincera de conocernos más, de re-conocernos y hacernos cargo.

Formular mi comunicación desde un el prefijo YO, o Mensaje YO, abre puertas a la escucha, a los acuerdos o bien, como mínimo, atrae la atención de la otra persona. Es un mensaje respetuoso que predispone a la otra persona a escuchar.

La comunicación o expresión que empieza con un TÚ, responde a una falsa verdad, a esconder (ME) detrás del TU, mediante expresiones tales: “tu culpa”, “tu hiciste”, “tu no hiciste”, “tu dijiste”, “tu idea”, “tú error”….

Desconocer esta verdad nos agrega piedras en el camino y da la impresión de que “tenemos mala suerte”. Por otra parte, suele aparecer la queja, ese elemento que colocamos fuera de nosotros (mi jefe, mi suegra, mi madre, mi amigo) causa principal de nuestros males y desdichas.

Las personas que más se quejan son, precisamente, las que más se resisten a escucharse a sí mismas, a mirar y a buscar su propia verdad interior. Cuanta más queja escuches, más lejos estarás de encontrar alternativas de cambio y tu propia satisfacción.

Con la queja solo podemos hacer 2 cosas:

  • la escucha para darte cuenta ¿Qué viene a decirte? Ya que, en términos generales, el mensaje de la queja va en la línea de: “algo tienes por hacer”
  • bien, la usas como el escudo perfecto para evitar mirarte a ti mismo/a y hacer eso que aún no has hecho.

Cuando ocurre esto, las señales en sus caminos aparecen una y otra vez pero no las ven. Cómo para verlas! Si sólo son producto de la “mala suerte”, “del destino”, etc.

Como dice Paulo Coelho, en el peregrino: “Siempre tendemos a ver cosas que no existen y permanecemos ciegos antes las grandes lecciones que se encuentran frente a nuestros ojos”.

En lugar de ello, la alternativa es detenerte a escuchar, observar y preguntarte:

  • ¿Y todo esto que me está queriendo decir? ¿Para qué acontece en mi vida? ¿Qué debo aprender de ello? ¿Que necesito hacer diferente?

 ¿Qué más puedo hacer para acercarme a mi verdad?

Requiere por nuestra parte ser capaces de cuestionarnos permanentemente, de interrogarnos en primera persona del singular: YO ¿Qué quiero? ¿Qué me pasa? ¿Quién soy? ¿Qué ofrezco? ¿Qué temo? ¿Qué deseo? ¿Que necesito? ¿Qué estoy dispuesto a dar y qué no?

La verdad siempre es personal, es la verdad del corazón, habla de nuestra intimidad, de nuestro mundo emocional al desnudo.

Encontrar esa verdad, a veces requiere de una ayuda externa que sepa guiar, acompañar y formular aquellas preguntas esenciales para buscar respuestas en nuestro interior. Para poder llegar a formular con palabras sencillas, simples y clara “lo que nos pasa”.

La verdad no es bonita ni fea, simplemente ES.

Cuando nosotros, los adultos/as, valoramos una situación como desagradable o dolorosa, es ahí cuando se nos hace difícil hablar con la verdad a otras personas, y en especial, a nuestros hijos e hijas. Ellos también tienen derecho a escuchar y conocer lo que está pasando, lo que está aconteciendo, así y solo así, se sentirán seguros y amados.

Para que sea posible contar la verdad a esas personas que amamos, primero debemos ser capaces de contárnosla, en primer lugar, a nosotros mismos.

Recuerda formular tu verdad anteponiendo

la 1º persona del singular:

¡YO!

 

 

Referencia bibliográfica de apoyo:

  • Laura Gutman “La maternidad y el encuentro con la sombra”
  • Olga Castanyer “La asertividad: expresión de una sana autoestima”

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