Seguramente que, al igual que yo, te has encontrado una y más veces frente a la ira, a un insulto o la irrespetuosidad de otras personas…

¿Cómo te has sentido?

¿Qué pensamientos se te han disparado?

Y, Concretamente, ¿Cómo has actuado?

¿Aquella respuesta que diste, fue satisfactoria para ti?

¿Te gustaría saber cómo responder asertivamente ante la ira o el insulto de otra persona?

¿Te imaginas dando una respuesta sabía y madura?

Yo Sí! Y lo consigo sólo cuando “consigo” centrarme en mí. Y esa sensación es fantástica!

La sensación de “enfoque” sobre mí misma y mis emociones. La sensación de “dar poder y otorgar poder” a la persona adecuada, en el momento adecuado.

Esta historia que sigue, lo muestra de una manera simple y clara. Te dejo con ella para que la disfrutes!

 

“Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurai, ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.

Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.

Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai.

-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo”.

 Desenfocarte o perder el centro, tiene un precio muy ALTO.

Ahora sabes cuál es:

“DAR el PODER a cualquiera que pase por tu camino. Quien te enfada te domina”

 

Una respuesta que me gusta mucho es:

No me regales tu enfado. Tu enfado es tuyo.

Ahora ENFÓCATE

¡QUE SÍ VALE EL ESFUERZO!

 

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