El siguiente post es un Extracto de un artículo que me resultó interesante pero extenso para trasladarlo sin modificaciones. Además he incluido alguna reformulación propia para hacerlo más comprensible. Al final se cita la fuente.

 

¿Podemos desear lo que ya tenemos? ¿Y por qué lo prohibido es tan erótico? ¿Qué hace la transgresión que hace al deseo tan potente?

 ¿Y por qué el sexo hace hijos, y esos hijos significan un desastre erótico en las parejas? Es una especie de golpe mortal al erotismo, ¿no es así? Y cuando amamos, ¿cómo se siente? Y cuando deseas, ¿cuál es la diferencia?

Estas son algunas de la preguntas que están en el centro de la exploración de Esther Perel, autora de “Mating in Captivity” y una de las psicólogas más reconocidas en sexualidad, la naturaleza del deseo erótico y los dilemas concomitantes en el amor moderno.

¿Qué sostiene al deseo y por qué es tan difícil perpetuarlo? Y en el corazón del deseo sostenido en una relación comprometida, Perel cree que está la reconciliación de dos necesidades humanas fundamentales. Por una parte, nuestro deseo de seguridad, dependencia, confidencialidad, permanencia, todas las anclas a tierra de nuestras vidas, las cosas que llamamos hogar. Pero también tenemos una necesidad igualmente fuerte —hombres y mujeres— de aventura, novedad, misterio, riesgo, peligro, de lo desconocido, lo inesperado, de sorpresa. Así que reconciliar nuestra necesidad de seguridad y nuestra necesidad de aventura en una relación, o lo que hoy nos gusta llamar un matrimonio apasionado, suele ser una contradicción de términos.

Así que escogemos a una persona y básicamente le pedimos que nos dé lo que antes toda la aldea solía dar: Pertenencia, identidad, continuidad, pero también queremos trascendencia, misterio y asombro, todo en uno. Queremos confort, límites, novedad, familiaridad, predictibilidad, pero también sorpresa. Y pensamos que sucederá naturalmente, y que los juguetes y la lencería nos salvarán

Esther Perel cree que la crisis del deseo es frecuentemente una crisis de la imaginación.

Así que, ¿por qué el buen sexo a menudo se desvanece? ¿Cuál es la relación entre amor y deseo? ¿Cómo se relacionan y cómo entran en conflicto? Porque ahí radica el misterio del erotismo.

El fuego necesita aire. El deseo necesita espacio…

Mientras Esther visitaba a diferentes países en la gira de su libro “Inteligencia Erótica” le hacía una pregunta a su audiencia: ¿Cuándo encuentran más atractiva a su pareja? No atractiva sexualmente, per se, sino más deseable. Y a lo largo de las culturas, las religiones, el género —excepto por uno— hubo pocas respuestas diferentes

  • El primer grupo decía: Es más deseable para mí cuando se va, cuando está lejos, cuando nos reunimos. Básicamente, cuando entro en contacto con mi habilidad de imaginarme con mi pareja, cuando mi imaginación regresa al cuadro, y cuando puedo socavar en la ausencia y el anhelo, que es el mayor componente del deseo…
  • El segundo grupo es aún más interesante, decían: Mi pareja me es más deseable cuando la veo en el estudio, cuando está en escena, cuando está en su elemento, haciendo algo que le apasiona, cuando la veo en una fiesta y con otras personas, cuando la veo dirigiendo. Básicamente, cuando veo a mi pareja radiante y segura, probablemente es el elemento más excitante de todos. Radiante, como autosuficiente. Pero tampoco es cuando la otra persona está tan lejos que ya no puedes verla. Es cuando vemos a la pareja a una distancia confortable, cuando esa persona que es ya tan familiar, es por momentos, misteriosa otra vez, algo elusiva. Y en ese espacio entre yo y el otro reside el impulso erótico, reside el movimiento hacia el otro. Porque a veces, como decía Proust, el misterio no es viajar a nuevos lugares, sino verlos con nuevos ojos. Y así, cuando veo mi pareja por su cuenta, haciendo algo en que está involucrada, veo a esa persona y por momentos tengo un cambio de percepción, y estoy abierto a los misterios que viven justo a mi lado.
  • Y el tercer grupo de respuestas generalmente eran: “Me siento más atraído/a mi pareja cuando estoy sorprendido, cuando reímos juntos. Pero básicamente es cuando hay novedad. Pero la novedad no se trata de nuevas posiciones. No es un repertorio de técnicas. Novedad es, ¿qué partes tuyas vas a mostrar? ¿Qué partes de ti casi se ven? Porque de alguna manera, uno podría decir que el sexo no es algo que uno hace. El sexo es un lugar al que uno va. Es un espacio al que entras dentro de ti mismo y con otro, u otros. ¿Así que a dónde irías en el sexo? ¿Qué partes de ti conectas? ¿Qué buscas expresar allí? ¿Es un lugar para la trascendencia y unión espiritual? ¿Es un lugar para la travesura o es un lugar para ser agresivo con seguridad? ¿Es un lugar donde puedes rendirte y no tener que asumir la responsabilidad de todo? ¿Es un lugar donde puedes expresar tus deseos infantiles? Es un lenguaje. No es solo un comportamiento. Y es la poética de ese idioma lo que nos interesa, que es por lo que Esther comenzó a explorar ese concepto de inteligencia erótica.

Para comenzar a entender cuáles son las parejas que tienen una chispa erótica, lo que mantiene el deseo, Esther tuvo que volver a la definición original de erotismo, la definición mística, y se fue a través de ella a través de una bifurcación mirando realmente al trauma, que es la otra cara, y mirarla, mirando a la comunidad en que había crecido, que era una comunidad en Bélgica, todos sobrevivientes del Holocausto, y en su comunidad había dos grupos:

  • Los que no murieron y los que volvieron a la vida. Y los que no murieron, vivieron a menudo muy atados a la tierra, no podían experimentar placer, no podían confiar, porque cuando estás atento, preocupado, ansioso, e inseguro, no puedes levantar la cabeza e ir hacia adelante y despegar al espacio, ni ser juguetón, seguro e imaginativo.
  • Los que regresaron a la vida fueron aquellos que entendieron lo erótico como un antídoto a la muerte. Supieron cómo mantenerse vivos.

Al escuchar sobre la asexualidad de las parejas con las que Esther trabaja, a veces les oye decir: “Quiero más sexo”. Pero por lo general lo que la gente quiere es mejor sexo, y lo mejor es volver a conectar con esa cualidad de estar vivo, de resonancia, de renovación, de vitalidad, de eros, de energía que el sexo solía darles o que habían esperado que les diera.

Y así Esther paso a hacer una pregunta diferente. “Me apago cuando…” empezó a ser la pregunta. “Se me acaba el deseo cuando…” que no es la misma pregunta, “Lo que me apaga es…” y “Me apagas el deseo cuando…” Y la gente comenzó a decir, “No tengo deseo cuando me siento muerto dentro, cuando no me gusta mi cuerpo, cuando me siento viejo, cuando no he tenido tiempo para mí, cuando no he tenido oportunidad ni siquiera de presentarme,
cuando no lo hago bien en el trabajo, cuando siento baja autoestima, cuando no tengo un sentido de ser valioso, cuando no me siento como que tengo el derecho a querer, de recibir placer”.

Y entonces se empezó a formular la pregunta inversa. “Me excito cuando…” (Si no conecto con lo que me hace falta, con mi necesidad, con mi carencia, con mi sombra… no podré saber que necesito darme…) Si estás muerto por dentro, la otra persona puede hacer muchas cosas por San Valentín, por tu aniversario, por una noche especial y no hará mella. No hay nadie en la recepción…

Ahora, en esta paradoja entre el amor y el deseo, lo que parece ser tan desconcertante es que los propios ingredientes que nutren el amor —mutualismo, reciprocidad, protección, preocupación, responsabilidad por el otro— son a veces los mismos ingredientes que sofocan el deseo. Porque el deseo viene con una serie de sentimientos que no siempre favorecen el amor: celos, posesividad, poder, malicia, travesuras.

Nacemos con dos grupos de necesidades con las que luchamos por conciliar:

Nuestra necesidad de conexión y nuestra necesidad de separación, o nuestra necesidad de seguridad y aventura, o nuestra necesidad de estar juntos y de autonomía…

Así que quiero traer una pequeña imagen hacia ustedes: – piensa en un niño que está sentado en el regazo (de quién lo cuida y ama) y que es acunado allí, muy seguro y cómodo. Y en algún momento todos debemos salir al mundo para descubrir y explorar. Eso es el principio del deseo, necesidades exploratorias, curiosidad, descubrimiento. En algún momento dan vuelta y miran y si les dices: “Adelante, el mundo es un gran lugar. Ve por él. Hay mucha diversión allá”, entonces pueden dar vuelta y experimentar conexión y separación al mismo tiempo. Pueden ir en su imaginación, en su cuerpo, disfrutando su alegría, sabiendo todo el tiempo que habrá alguien cuando regresen.

Pero si en este lado hay alguien que dice: “Me preocupa. Estoy ansioso. Estoy deprimido… ¿Qué hay tan bueno allá afuera? ¿No tenemos todo lo que necesitamos juntos, tú y yo?”, entonces hay algunas pocas reacciones que todos nosotros podemos reconocer bien:

1-  El niño número uno es el que regresa. Y  ese niño que regresa es el niño que va a renunciar a una parte de sí mismo para no perder al otro/a. Perderá su libertad para no perder la conexión con el otro/a. Aprenderá a amar de una cierta manera que vendrá cargada de preocupación extra, de responsabilidad y protección adicionales, y no sabrá cómo dejarte para jugar, para experimentar placer, con el fin de descubrir, de entrar dentro de sí mismo/a. Traduzcan esto al lenguaje adulto…

2-  El niño número dos regresa pero pareciera que sobre sus hombros recae el peso del temor y la exigencia. “¿Vas a estar allí? ¿Vas a maldecirme? ¿Vas a regañarme? ¿Vas a estar enojada conmigo?” Y se ha ido, pero nunca está muy lejos. Y son a menudo las personas que les dirán: al principio era supercaliente, porque en un principio la intimidad creciente no era aún tan fuerte que llevara a la disminución del deseo.  Porque Cuanto más conexión tengo con el otro/a, más responsable me siento, y menos capaz soy de alejarme de tu presencia (y el deseo disminuye por la falta de libertad, de entrar en mí mismo/a).

3-  El tercer niño realmente no regresa.

Entonces, si quieres sostener el deseo en este proceso dialéctico:

- Por un lado deseas la seguridad para poder irte, alejarte y explorar.

- Por otro, si no puedes irte, no tienes placer, no puedes culminar, no tienes un orgasmo, no te excitas porque desperdicias tu tiempo en el cuerpo y la cabeza del otro y no en el tuyo.

En este dilema sobre reconciliación de estos dos grupos de necesidades fundamentales, hay algunas pocas cosas que han ayudado a comprender lo que hacen esas parejas eróticas:

  • Uno, tienen mucha intimidad sexual. Entienden que hay un espacio erótico que pertenece a cada uno de ellos.
  • También entienden que la estimulación erótica no es algo que se hace cinco minutos antes de la cosa real. El juego erótico inicia al final del anterior orgasmo.
  • También entienden que un espacio erótico no es sobre comenzar a tocar al otro. Es sobre crear un espacio donde dejas a tu vida cotidiana, tu rol profesional, tus conflictos y preocupaciones… realmente solo debes entrar a ese lugar cuando dejas de ser el buen ciudadano que cuida de las cosas y es responsable. Responsabilidad y deseo solo pelean. Realmente no lo hacen bien juntos.
  • Las parejas eróticas también entienden que la pasión aumenta y disminuye. Es bastante parecida a la Luna. Tiene eclipses intermitentes. Pero lo que saben es que saben cómo resucitarla.  Saben cómo hacerla regresar, y saben cómo hacerla regresar porque han desmitificado un gran mito, que es el mito de la espontaneidad, que es que vas a caer del cielo mientras tú estás doblando la ropa como una machina, y de hecho entendieron que todo lo que va a pasar, solo pasa en una relación de largo plazo

Sexo comprometido es sexo premeditado. Es con voluntad. Es intencional. Es foco y presencia.

 

 

Esther Perel. “Inteligencia Erótica”

TED: The Secret to desire in a long-term relationship

Extracto del artículo de Benjamin Malik – Avantsex

 

Carina Sampó

Facilitadora de experiencias y aprendizajes para la vida! Terapeuta psicodramática. Coach de vida y relación. Educadora de emociones y valores.

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