Ayer mi marido y padre de mis hijas, me mostro una vez más que los sueños son posibles!!! Y que sí se puede DAR VUELTAS A LAS COSAS!!!!

Ayer fue un gran día! Nuestra pequeña se graduó!!! Un final de etapa y un comienzo de otra. Se termina la educación infantil y se abre una puerta a otra etapa de su vida: la PRIMARIA. Que mezcla de emociones!!! Un junio intenso, lleno de cumpleaños, de despedidas…. el grupo no seguirá siendo el mismo… con algunos amiguitos/as seguirá unida con otros/as ya no. Es lo que toca, CRECER!

Y si! Un día tan importante y papá no podía estar con nosotras. Ulan Bator queda un pelín lejos para hacerte la escapada por una horita y volver al trabajo!

Después de pasar el amargo trago de “no podrás estar en este día tan especial”, fui acomodándome a  la idea, restando un poco de importancia a algo verdaderamente importante. Pero la noche anterior a la graduación mis emociones salieron: alegría, tristeza, angustia, alegría, soledad, nostalgia por la familia que no está cerca, fuerza, coraje, alegría, ilusión, amor….

 

Así comenzó este día:

Era un día importante y por ello puse el despertador a las 7,10. Últimamente no pongo despertador porque la más peque es mi despertador,  pero esta vez quería empezar el día antes y con tiempo, tranquilas y disfrutando del gran momento de mi pequeña. Ella tranquila como siempre, la madre no ¡Que nervios!

Antes de que sonara el despertador, me despierto exaltada por un ruido en la cocina ¡el microondas!!!  Se disparan mis pensamientos y de la exaltación pase al susto y a la rumiación:  ¿Me dormí? ¿Que pasa en la cocina? ¿De dónde sale ese ruido? ¿Quién ha entrado? ¿Me dejé la llave puesta en la puerta (otra vez)?

Salí disparada de la cama. Y del susto pase a la sorpresa paralizante, y ahí me quede mirando. Y mi corazón dio un vuelco. Ahí estaba el papa de mi hija, con el desayuno para 4 preparado y listo sobre la mesa. Ahí estaba sonriendo de felicidad,  tras 24 horas de viaje para estar otras 25 horas en Madrid y regresar a su destino de trabajo, Mongolia…

Claro que después de la sorpresa y la alegría vinieron a borbotones las preguntas ¿Por cuánto tiempo te quedas? ¿Quien ha pagado esto? ¿Cómo has arreglado con tu cliente? ¿No está en peligro el trabajo?… Estas loco!!!  ¿Valentía? ¡Admiración! o ¿ Locura total?

 

Y él me respondió: “¿Para qué estamos aquí sino para estar en estos momentos únicos?

Y volví  a conectar con lo que verdaderamente importa:

¿Para qué estamos aquí sino para hacer posible nuestros sueños?

¿Para qué estamos aquí sino para estar con quienes amamos en el momento justo?

Ver esas dos caritas de mis niñas, sonrientes, dormidas y felices, al despertarlas papá ¡no tiene precio!

 

 

Ayer lo sentí, lo viví, lo vi, lo escuche. Hoy creo que ¡sí es posible dar vueltas las cosas! Cambiar el mundo por un mundo mejor. Cambiar nuestros hogares por hogares felices. Cambiar nuestras relaciones  por relaciones de amor!!!

¡Que hoy empiece a cambiar el mundo!

Y ese cambio empieza por cada uno/a de nosotros/as

¡Hagámoslo juntos/as!

 

 

 

Dedico este post a mi marido y a mis hijas:

Cuando recuerdo el día de ayer se me mojan los ojos. Lo disfrute, lo sentí, lo viví, me emocioné! ¡Que hermosa familia tengo, es mi tesoro! Ayer he vuelto a enamorarme! Hoy sigo un poco en las nubes.

Gracias!

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