Recientemente, en un proceso de coaching individual, surgió la necesidad de trabajar sobre la habilidad de recibir, afrontar críticas y posicionarse adecuadamente ante ellas; sabiendo que algunas habría que aceptarlas, otras dejarlas pasar y con otras quizás afianzar posturas o posiciones.

¡Qué fácil es hacer crítica! ¡Y qué difícil es recibirla!

Es una gran habilidad saber escuchar una crítica y usarla para mejorar la vida. Pero pocas personas lo conseguimos, es bastante común sentirnos mal, que nos duela, que levante nuestras defensas y nos ponga en alerta para el contra ataque, que nos hierva la sangre, se contraigan nuestros músculos y nos lancemos en un discurso poco pensado de justificaciones, argumentaciones y defensas.

¡Importante! Cuando recibas críticas no caigas en la trampa de tratar de justificarte. Tómala o déjala. Nos guste o no, las vamos a recibir. Por lo tanto, quizás nos convenga aprender el arte de recibirlas y sacarle buen provecho para nuestro propio crecimiento y evolución personal.

Es verdad que debemos tener en cuenta la procedencia y la intensión. Es, aparentemente, más frecuente recibir o escuchar críticas destructivas, especialmente con carga negativa de agresividad, descalificación, ingratitud, reprobación, etc. Y, contrariamente, nos cuesta más trabajo hacer una critica constructiva, hacer un reconocimiento, dedicar un elogio, expresar abiertamente afecto o sentimientos positivos, de otras personas y más aún de nosotros/as mismos/as.

Si crees que a una determinada crítica no la mereces, con respeto puedes explicar la situación. Pero también es bueno aprender a recibir una reprensión en silencio. Sin suspiros, sin muecas, sin tensión ni agobios. Teniendo siempre en mente que la crítica es para mi propio beneficio. Salir bien parados/as de situaciones de este tipo depende, en muchos casos sino en todos, de nuestra capacidad para traer a nuestra mente pensamientos positivos:
  • Creer que no hay mala fe en la persona que me emite la crítica.
  • Confiar en el beneficio de la crítica, en la información útil y el aprendizaje que me aporta.
  • Vivirla como una oportunidad para conocerme desde la visión que las demás personas tienen de mí y aprovecharla en mi beneficio para mejorar, aprender, superar mis limitaciones.
  • Tomar nota de los aspectos o habilidades a mejorar y enfocarme en ellos.

También está su contra cara, la habilidad de saber expresar una crítica constructivamente. Entre las emociones que debemos comunicar están las positivas y negativas, la habilidad está en saber hacerlo sin ocasionar dolor o daño a la persona que la recibe. ¡A quién no le gusta la crítica que se hace en un tono amistoso, tanto en contenido como en conteniente, en el fondo y en la forma!

Son dos habilidades sociales, tan difíciles una como otra, que nos ayudan a entender a las demás persona y a conocernos mejor.

La asertividad es para mi la reina de las habilidades, esa palabra a la vez muy sonada, a la vez poco conocida. Esa capacidad de expresar sentimientos, pensamientos y creencias de una manera directa, honesta y adecuada a la situación, escuchando el punto de vista ajeno; siendo justo/a conmigo y con la otra persona. El respeto y la escucha son sus principales acompañantes.

Algunas ideas para cuando nos toque recibir críticas:

  • Escuchar con atención toda la información recibida, ya que nos puede servir para mejorar como progenitores, como amantes, como compañeros/as de trabajo, como estudiantes, como amigo/a, como hijos/as…
  • No teniendo miedo a reconocer nuestros errores. Dándome permiso para aceptarlos y rectificarlos.
  • Mostrando nuestro acuerdo total o parcial con lo que nos dicen. Expresando nuestros sentimientos, si nos sientan mal, distinguiendo siempre el fondo de la de la forma.
  • Negando con asertividad, con respeto hacia la otra persona, las imputaciones que creemos inadecuadas.
  • Solicitando mayor información o incluso alternativas de mejora a quién está haciendo la crítica.
  • Comprometiéndonos a mejorar aquello que reconozcamos posible o accesible a nuestras posibilidades.
  • Agradeciendo la aportación de información que supone la crítica y la posibilidad que me brinda de mejorar, aprendizaje y desarrollo personal.
  • Utilizando una comunicación verbal adecuada, hábil: usar la primera persona (YO).
  • Utilizando una comunicación no-verbal adecuada, hábil: Atendiendo y cuidando: el contacto ocular, la expresión facial, la postura corporal, los gestos, la sonrisa, el volumen, la inflexión y la entonación de voz, la fluidez, la claridad y la velocidad del discurso, el tiempo de habla, las pausas, los silencios, y la gestiona adecuadamente del contacto físico, la distancia y la proximidad. (Referencia: http://revista.consumer.es)

Algunas ideas para cuando nos toque criticar:

  • Una comunicación verbal hábil, es aquella que envía “mensaje yo, es decir, en primera persona”. Es un mensaje especialmente útil para expresar una crítica o nuestros sentimientos negativos.
  • Su esencia reside en saber hablar por sí mismo/a sin imputar o atribuir a la otra persona mis opiniones, sentimientos o cambios en mi conducta.
  • Es un mensaje sumamente respetuoso que expresa los sentimientos, opiniones y deseos sin evaluar o reprochar la conducta de las demás personas, además de facilitar la expresión de las diferencias y del desacuerdo.
  • Es un mensaje contrario al “mensaje Tú” que, en cambio, es muy favorable para utilizarlo cuando queremos atribuir a otra persona elogios o destacar sus cualidades positivas (Ejemplo: “Eres muy agradable”).

Es frecuente tender a acusar a la otra persona, centrarnos en el otro/a. En cambio este enfoque nos permite enfocarnos constructivamente en nosotros/as mismos/as y estar claros con respecto a nuestros propios sentimientos y pensamientos.

Comprende una exposición de tres partes:

1-DESCRIBIR (de forma objetiva y breve) el hecho, situación o comportamiento que te molesta o te crea problemas, (NO debemos evaluar ni emitir juicios). Ejemplos: “Cuando por la anoche llegas a las 13,30 h. y habías prometido venir a casa a las 11h…”.

2-EFECTO/SENTIMIENTO – Expresar como me siento (sentimiento o emoción) a consecuencia del comportamiento anterior: “Yo siento”, en vez de “Tu eres”. Ejemplo: “me siento decepcionada”, “siento que no soy valorada por mi trabajo”.

La frase puede estructurarse solo hasta el punto dos, si nuestro propósito es simplemente expresar nuestro sentimiento, o pasar al punto 3 si nuestro objetivo es pedir un cambio, o expresar una sugerencia.

3-HACER UNA PETICIÓN – no exigir: Solicitarlos de forma clara, precisa. Ejemplo: “me gustaría encontrar las cosas recogidas”. “quisiera que me llames para no quedar esperándote hasta tan tarde”.

Por último, podemos elogiar los cambios prometidos o puestos en marcha valorando el esfuerzo que han requerido de la otra persona. También es favorable agradecer que se nos haya dado la oportunidad de expresarnos y hacer nuestra petición. No obstante, tengamos presente que el empleo de esta técnica depende del contexto y de las personas involucradas en la situación.

 

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Carina Sampó

Facilitadora de experiencias y aprendizajes para la vida! Terapeuta psicodramática. Coach de vida y relación. Educadora de emociones y valores.

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