Entre progenitores e hijos/as
Entre miembros de una pareja
Entre compañeros/as de trabajo

Las relaciones de poder nos distancian, crean hostilidad, resentimiento, soledad, furia, frustraciones, derrotas y, claramente, pérdida de autoestima.

Si hay éxito en la lucha de poder, es posible que no sea bien disfrutado y durará muy poco. El éxito conseguido tras una lucha de poder, nos eleva hasta la cima y desde allí arriba  podemos mirar con arrogancia a nuestro adversario/a, pero… también podemos caer precipitadamente, golpeándonos más fuerte de lo esperado… en nuestra autoestima.

Esto es lo que mí estimado profesor y maestro, Pablo Población, con sus 50 años de trayectoria profesional, llama circulo luciferino o circulo de poder. (Funete: Las relaciones de poder. Pablo Población Knappe).

Es un concepto muy gráfico, tomado del mito de Lucifer, el ángel caído por la soberbia, como símbolo del dominio, exigencia y dependencia que caracteriza a cualquier interacción de poder entre personas y grupos.

Cuando llegamos a la cima de la mano de la soberbia (EGO), la superficie de apoyo es frágil y solitaria, y ante el menor error o flaqueo se produce el derrumbamiento, porque esa base de apoyo se ha constituido desde la desconfianza, el engaño, la máscara, la envidia…

Son necesarias dos personas para dar lugar a la lucha de poder. Cuando prima en una relación el pulso de poder, se anula o desaparece la relación de amor. Este “poder” puede ejercerse desde ARRIBA – desde la imposición de la fuerza – o desde ABAJO- desde la postura de víctima-victimario que utiliza su debilidad para manipular.

Según las investigaciones del Dr. Población – lo natural en el sentido biológico de la especie humana es la organización jerárquica, la autoridad pero no el poder/autoritarismo. Un relación de Poder implica daño de la otra persona e incluso de sí mismo/a.

Aquí aparece otra diferenciación importante: entre DAÑO Y DOLOR. Al daño lo acompaña el perjuicio, es siempre algo destructivo sin valor positivo. El dolor en cambio es inherente a la vida, viene con la vida, con los cambios, precede al aprendizaje que obtenemos tras una situación difícil que nos pone la vida.

El caso es que en toda relación interpersonal fluctuamos entre ambas áreas, nos movemos constantemente entre el área del amor (aceptación- autenticidad) y el área del poder (ego – máscara). La disfuncionalidad aparece con la rigidez, cuando nos fijamos en una relación de poder, sea este de arriba o de abajo.

Esto se ve claramente en las relaciones de pareja a punto del quiebre, cuando juegan un rol rígido y complementario que termina finalmente con la ruptura de la relación o de uno de los componentes de la pareja, cuando se hartan de jugar al mismo juego de víctima-victimario, dominador-dominado.

En la profundidad del poder encontramos exigencia de sí mismo y del otro/a  y exigencia de perfección- es decir – se impone un deber ser, una obligación, un tener que… que coarta o limita el ejercicio de la espontaneidad, de la que habla Moreno, entendida como la capacidad de generar respuestas adecuadas, sanas y funcionales ante situaciones intra e interpersonales.

La meta de la terapia psicodramática es el aumento de la espontaneidad de la persona o sistema, ya que la disfunción proviene de la rigidez en las estructuras de pensamiento y del modo de relación (exceso de cultura en conserva, según el concepto moreniano).

 

Acuérdate,

Esta es la ley de Satán:

Mata a tu hermano antes que él te mate. Sé el primero en matar.

Esta es mi ley:

Ama a tu vecino antes que él te ame. Sé el primero en AMAR.

J.L. MORENO,

Las palabras del padre.

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